
"Siempre ha sido así. Cada vez que ... y yo nos enzarzamos es como si quisiéramos abolir la frontera invisible que nos separa. Nos desprendemos de las ropas con tal ferocidad que no me extrañaría que un día terminásemos arrancándonos la piel. Estamos comiendo o reposando o charlando sobre un tema trivial y de repente, una mirada o una palabra o una risa nos abalanzan al uno sobre el otro para disipar una distancia que se nos antoja insoportable.
Me he preguntado en alguna ocasión si no será que, cada uno a su manera, rebosamos un líquido o un humor que exige ser vertido dentro del otro, librarse de él para alcanzar el sosiego. Pero no: es más que eso. Nos asaltamos igual que si del asalto dependiera nuestra vida y la tuviésemos que defender rabiosamente...
Y, sin embargo, tampoco es cierto eso, porque lo que sucede en realidad se asemeja mucho al aniquilamiento. Cada uno desaparece o agoniza en los brazos del otro, escudriñando en el otro, trocando su vida por la de él, hasta llegar al estertor final, al paroxismo, que es una aleación, un extravío recíproco, tras del que cada uno va volviendo, volviendo poco a poco en si, distinto ya del otro nuevamente.
Que pena da volver; seria un buen momento para morir. "Morir de gusto", se dice; se dice y no se hace.
No me sorprende que se hable de la tristeza despues del coito; se ha evaporado un momento único de gloria y aunque pueda repetirse mil veces, cada momento es único... Por el ojo de la cerradura, a través de la puerta secreta, se ha visto el paraíso; una parte distinta del paraíso en cada lance..
Y, cuando todo cesa, yo no recuerdo nada. Voló el ave feliz. como prueba de que estuvo sólo me deja las agujetas del esfuerzo, de las posturas increibles que el cuerpo accede satisfecho a adoptar.
¿Cómo haber vivido tantos años sin esta razón de ser?"
"La pasión turca"
Antonio Gala




